Queridos Hermanos.Desde la lejanía física, que nos imponen circunstancias
adversas, les escribo a todos ustedes.
Desde el dolor mismo de la Patria, sumida en la noche tenebrosa de la desesperanza,en
la angustia de un futuro que prevemos difícil, casi imposible
.
¡Nos duele Cuba! Y su dolor se encarna en rostros concretos, en lucha
cotidiana, en voluntad de existir. Es el dolor de los que se sienten abatidos
y hundidos por una realidad que no pueden cambiar.
¿Cómo es posible que la más hermosa de las tierras, aquella
que destila dulzor y alegría se vea sumida hoy en este abismo insondable
de miseria material y moral?
Les escribo, pues desde el dolor y la angustia, pero al mismo tiempo desde la
tierra del futuro, desde la capacidad no renunciada a soñar, desde la
fe en ese proyecto hermoso que se sintetizo en la frase martiana de una Patria
“con todos y para el bien de todos”
No el presente hipócrita y violento, humillante y frustrado, en que un hombre impone su voluntad sin respeto alguno por los demás seres humanos, a costa de la vida física y espiritual de todo un pueblo. A esto le decimos ¡Basta! Y lo hacemos sin otras armas que las de la verdad y la justicia, las armas de la paz.
Un poder que por su misma naturaleza niega la verdad y el bien, pues pretende para sí un carácter absoluto, no discutible ni elegible. “Summus ius,summa in iuria”que decían los antiguos.
Ante ese poder no cabe el silencio ni el disimulo.
La Palabra que se hace carne y sangre, dolor de un pueblo y esperanza. La Palabra
insoportable para los tiranos y sus lacayos.
Cartas desde la Esperanza. Si “ ¡Levanten vuestras cabezas, se acerca
vuestra Liberación!”
¡Cuba, despierta al Amor, abre tus puertas y tu corazón a la Esperanza!