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  Sesion en la Respetable Logia Armonía, Siglo XIX en Madrid
Por: A.Hernandez Catá (Mitología de Martí)

Uno a uno y a intervalos, qué es época de persecuciones, van entrando por la puerta angosta, muy embozados en capas y con gran precaución de miradas zagueras, los hermanos que han de reunirse en la Logia “Armonía”

Vientos gélidos caen de las nieves del Guadarrama, y vientos de fronda de los mentideros políticos.
La reacción tiene cabeza de ofidio y ojos de Argos, y el liberalismo, timidez de corza y bizantinismos incapaces de resistir la confrontación con la realidad.

Por eso los masones, a pesar de no ser conspiradores de peligro, sé resguardan contra las inclemencias de la noche y contra las miradas que puedan espiar desde la sombra.
De los últimos en llegar es un joven a quien el fuego de las pupilas y no el escuálido paño del gabán protegen del cierzo serrano.

Los preliminares de la tenida son lentos. Los hermanos se retejan en el saludo, y antes de congregarse, mientras se ponen sobre las ropas cotidianas los atributos de la masonería; hablan, ya con enigmáticas oquedades, de la vulgaridad de sus existencias

Hay bandas moradas con bordados de oro y delantales cuyo pico interno o externo diferencian al maestro del aprendiz.
A la entrada del salón, transformado en templo, están las columnas simbólicas con la piedra en bruto y la piedra pulida, en el centro, el Ara con el compás; La Llana y el martillo emblemáticos. Ocupa el fondo el Venerable, flanqueado por el Hno Orador y el Hno Secretario; en bancos paralelos siéntanse los hermanos sin cargo especial, y junto a la puerta, a ambas manos de las columnas, el Primero y el Segundo Vigilante, encargados de velar por la secreta seguridad del Templo y de servir de puente jerárquico entre la Veneratura y el estado llano de la logia.

El ámbito, saturado de misterio solemne, pone en todas las voces sordina. Las luces de petróleo titubean en el ambiente enrarecido por las respiraciones. Algunos empuñan espadas. Y no alumbra la sonrisa ninguno de los rostros cuando, después de dar tres golpes de mallete en la mesa, el Venerable dice:
-¡A mí por el signo! ¡A mí por la batería!

Sobre los cuerpos rígidos las diestras tendidas describen rápido ángulo recto; luego las manos se juntan en tres palmadas. Y después que los Vigilantes se aseguran formulariamente de que ningún profano ha penetrado; ni ningún peligro exterior amenaza, el trabajo comienza, sin apartarse del ritual.

Ni siquiera las cosas más sencillas dejan su envoltura alegórica: Las cartas recibidas de otras logias son planchas, la circunscripción es valle, cuanto esta fuera de los muros mundo profano. No es tenida de Iniciación y, por tanto, el Hno Terrible no ha de traer a ningún neófito, después de someterlo a las pruebas de enorme peligro imaginario; para interrogarle y demostrarle luego de (haberle dado la Luz)que la masonería quema sus juramentos, porque da igual fe a la palabra que el viento se lleva; que a la materializada por la pluma.
Durante un rato se evacuan asuntos de tramite bajo la autoridad reiterada del Gran Oriente.Terminada esta primera parte, el Venerable interroga a los Vigilantes si algún Hno de sus Columnas pide trabajo; y al repetir ellos la pregunta, en uno de los bancos dos dedos resueltos chasquean.

--Puede el Hno hablar; sin ceremonia.—Dice el Venerable.
Los dedos que habían chasqueados son los del joven de escaso abrigo y mirada ardiente. Ya esta en pie. Ya ha pronunciado la formula inicial: (Venerable Maestro y queridos Hermanos)Frente a el y a su lado, rostros de barbas visigóticas y de bigotes caudalosos; Viejos liberales, burguesía que coquetea con el misterio y menestrales fascinados por la pompa ceremonial, alzan hacia su boca la atención

Las palabras acuden prontas, en coordinaciones felices, apenas pasa el primer instante de cortedad. Hay un dejo cantarino en el acento, que acaricia; Y poco a poco, el tono se eleva, se acelera y precisa el ritmo y lo que era amable curiosidad se trueca en sumisión magnética.
La frase zigzaguea o se acorta, clara y cautivadora por igual. Hay palabras que quedan un punto entre los labios, moldeándose, y otras que salen metálicas, como de entre los dientes. Si el auditorio muestra sorpresa, no deja de sentirla también el Orador.Dijerase que algo mediumnimico pasa por él y habla con su lengua. No son las palabras solo: Es el tono, la atmósfera ora persuasiva, ora violadora de voluntades que imprime hasta a los más comunes conceptos, preciosa novedad.

Las ideas bajan de la frente y la emoción sube del corazón para juntarse entre los labios.
La diestra complementa con perfiles y puntuaciones el verbo. Quizás, por plétora de ideas, algo de torrente todavía incapaz de ordenarse desborde el discurso; Pero lo que hay de multitud en aquel grupo de hombres, se siente arrebatado sin que él más inteligente de sus individuos logre llamarse a engaño ni desmontar el juego de presdigitacion que es toda oratoria. Los de mayor categoría mental eran los más maravillados.

El mozo crecía en talla. Bajo el esplendor de la palabra el traje pobre transformabase en Toga. Y ante la logia, ahora si que solemnemente unida por una fuerza superior al rito, imágenes y afirmaciones desplegando su varillaje.
Es necesario poner de moda la virtud, y romper la corteza de prejuicios que tantos años de vicio e injusticia han puesto sobre la conciencia del mundo. El cristianismo ha muerto a manos del catolicismo y necesitamos crearnos una moral laica para luchar contra la violencia, contra la hipocresía, contra ese falso ridículo, sobre todo, con que los picaros tratan de hacernos inexpugnable la virtud.

El aire ha de estar lleno de almas desinteresadas y amigas. Con llana y compás levanta el albañil su pared. Necesitamos añadir a nuestro símbolo la piqueta, para derribar las malas paredes que nos separan.-¡Eternidad para las paredes maestras, pero hierro y hasta explosivos para tantos falsos tabiques.
El trabajo es el aire y el sol de la Libertad. Sin libertad todo bienestar es pobreza, ignominia. Cuanto no sea compatible con la dignidad humana caerá; Pero hay que acelerar esa caída. Nos ahogamos en el oprobio. Los fuertes proveen, los hombres de segunda mano esperan la tormenta con los brazos en cruz es que esos no son hombres.

Yo he soñado que la doble teoría acerca del origen de nuestra especie no se contradice: Hombres hay que descienden del mono, según lo muestra la vanidad y lubricidad de sus gestos; y hombres hay que descienden de Dios, según lo proclama el persistente fulgor de sus almas. España, prodiga siempre en individualidades pujantes, necesita uno de esos espíritus providenciales capaces de comprender y resolver con estricta generosidad sus propios problemas y los de cuanto el desamor y la expoliación han transformado ya en extraños.

Héroes no con música de pasodoble, esos himnos de la injusticia peninsular, sino héroes de Carlyle, héroes del valor pacifico, de la renuncia a las gabelas y al predominio injusto. Puesto que existe, por desventura, tanto hombre-boca, debe haber de vez en cuando un hombre-ala.

Ante vosotros que me llamáis Hermano, quiero dejar generalidades sin duda irrebatibles, pero también un poco estériles, para hablaros de la isla que esta huérfana allá en el mar. Es bella, empobrecida a pesar de su riqueza por las rapiñas, y a fuerza de sufrimientos ha adquirido la triste experiencia que le permitirá dar, sin caer, esos primeros pasos que en las demás naciones desprendidas heroicamente. !Heroicamente sí! De vuestro yugo, fueron tan difíciles. Puesto que la euritmia del universo os preocupa e invocáis a su Gran Arquitecto, tenéis que oírme.

Los rábulas que tenia Hernán Cortes y que lo expusieron varias veces a la ineptitud envidiosa de Diego Velásquez; Los rábulas enredadores y rapaces, carcoma de España, se han hecho gobernantes y clérigos de los de bienes terrenales, militarotes de los de mente obtusa y sable asesino, negreros, cabo de vara: !Todos los instrumentos vivos del despotismo! No frunzáis el seño. Cuidad de que algún rábula no se haya metido también, empero el cuidado de los hermanos Vigilantes, entre nosotros, y transforme esta que debiera ser fraternidad luminosa de almas y brazos inclinados hacia el futuro, en junta de Caines.

La voz sigue viril, .....sin perder cualidades, antes bien, elevando sus chispas como los buenos eslabones, en él apostrofe y en la diatriba. Pero el magnetismo se ha roto y el orador lo advierte. En vano les glosa fragmentos de la Declaración de los Derechos del Hombre; En vano yergue ante ellos la figura de Bolívar y la de Nariño, la de Artigas y la de Céspedes; En vano invoca a san Martín combatiendo por España en Melilla, en Oran, en el Rosellon y en dos combates navales contra Inglaterra, y afiliado después, masón como ellos, en la logia gaditana de “Caballeros Racionales”, con cuyo compás y cuya escuadra habían de cimentarse las republicas rioplatenses.

A cada nuevo argumento crece la esquivez; ante cada semidiós evocado, los hombres se apartan mas aun. Mientras sus frases ceñían el concepto abstracto de la libertad, el liberalismo difuso de la asamblea sentíase expresado y vibraba al unísono con su ser. Mas todas las almas congregadas allí no pueden compararse a la piedra pulida de la columna de la derecha. Si en algunos el liberalismo es coquetería de la inteligencia y no-necesidad entrañable, en otros late la cándida creencia de que (el derecho de descubrimiento y conquista}nada tiene que ver con la Libertad.

Prejuicios, atavismos consagrados por los manuales de Historia nacional y por el concepto publico, impiden que en sus mentes entre el ozono violento que ha vivificado las palabras del joven.
No es culpa de ellos. Todos creían ser excepcionales, y serlo de veras no esta en su poder. Por eso al oír flagelar a su patria desprenden su simpatía del orador y la cambian en desasosegada vergüenza.

En tierras de tribunos, la aurora tribunicia de uno de los máximos reflectores de la palabra hispánica no podía manifestarse sin pasmo. No le han faltado al final las felicitaciones. y sin embargo ..........si los labios no hubiesen tocado lo inmediato, lo concreto, ¡cuan esplendoroso su triunfo! Mas, ¿para qué, quiere él la elocuencia si no es para hablar de (eso) de (eso) solo? El ayer y el mañana, la leyenda y la Historia, los tropos y la científica justeza, los anhela para servir a (esos)

. Todos los ríos del saber y del soñar que no afluyan a Cuba, preferiría ignorarlos por auríferos y navegables que sean lo que empaña el éxito que en los primeros periodos anunciose desbordado en chasqueo de dedos entusiastas y en aprobatorios movimientos de cabezas, antes lo enorgullece que lo apesadumbra.
Al final de la tenida, ya en el lenguaje familiar (Del mundo profano, es congratulado y amonestado benévolamente. Un viejo le dice(Ya cambiara usted, joven. Hay en usted madera, y de la buena......Ya cambiara). Y un militar postergado en los ascensos(Hay en usted lo que se dice un gran tribuno. Cuando se cure de ideas subversivas ganara mucho.)Y un jefe de negociado: .....(ha dicho usted cosas tremendas. Por menos conozco yo expedientes así de altos. Claro que lo hablado aquí no transcenderá, que no hay ningún hermano capaz de........

No, no habrá Caines. Entre su arrebato y la repudiación de sus hermanos no mediara la quijada del asno, mas si la prudente reserva, Saldrá solo, lo mismo que entro en tanto que otros, ya fatigados de solemnidades, sé Irán de dos en dos a favor de la noche inverniza, sin que la excesiva prudencia consienta cuajar para el protagonista de la velada ni siquiera una de esas amistades de adulación que surgen en todos los triunfos.
Y, ya en la calle, el joven de la palabra de fuego se abotonara el abrigo de tela endeble, confesándose que siente un poquito de frió en el pecho, hacia el lado del corazón.